Hay ciertas cosas que aprendemos al viajar que no se explican en los folletos de viaje. Las incorporas con la experiencia a base de horas muertas en una terminal, de aviones que no salen, de templos donde te toca andar descalza por el suelo pedregoso y de mil pequeños imprevistos que, con el tiempo, dejan de pillarte por sorpresa. Después de años recorriendo el mundo de un extremo a otro, he ido reuniendo una lista de trucos que me han ahorrado disgustos y más de un mal rato. No son normas, son cosas que me hubiera gustado que alguien me contara antes. Aquí van mis 15 consejos de viaje favoritos.

1. Calcula bien el tiempo entre escalas
No cojas vuelos con escalas desproporcionadas. El tiempo mínimo debería rondar las 2 horas, para que te dé margen a cruzar la terminal si hace falta (en aeropuertos grandes eso puede suponer 40 minutos). Pero tampoco te pases: pasar 12 horas en una terminal que no sabes qué te vas a encontrar no es lo más agradable, por lo menos en el vieje de ida.
He tenido que pasar horas sentada en el dichoso suelo porque no había ni asientos suficientes para los pasajeros que esperaban ni un bar donde tomarse un café. Y no hablo solo de aeropuertos pequeños de países remotos: también te puede ocurrir y te pasa en enormes aeropuertos como París-Chrales de Gaulle o Londres-Heatrow.
2. No llegues a tu destino demasiado temprano
Si llegas de madrugada a tu lugar de stino, tras un largo vuelo intercontinental no tendrás la habitación disponible, puede que ni encuentres una cafetería abierta donde esperar desayunando, y tampoco verás gran cosa porque la ciudad estará aún dormida. Si no te queda más remedio, plantéate reservar la habitación desde el día anterior y avisar al hotel de que llegarás de madrugada. Tu cuerpo te lo agradecerá.
3. Desconfía de las ofertas “low cost”
Que no te engañen los precios de gancho. En cuanto empiezas a sumar los extras que vas a necesitar y a estudiar sus horarios o la distancia de sus aeropuertos a la ciudad, esos precios dejan de parecer baratos y se acercan a los de las compañías regulares, pero con más inconvenientes. Personalmente me desagrada el trato de mercancía que se da al pasaje y la suciedad de los aviones que no se limpian entre vuelo y vuelo. Es lo que yo llamo volar “a culo caliente”.
4. Comprueba a qué aeropuerto llegas (y desde cuál sales)
Muchas ciudades grandes tienen más de un aeropuerto. Si tienes que cambiar de aeropuerto, a los costes de desplazamiento súmale el tiempo de esperar el equipaje y volver a facturarlo: en ese caso tu escala mínima puede irse a 4 horas. Además, tendrás que hacer los trámites aduaneros de entrada y salida, así que verifica antes qué documentación necesitas.

5. Deja para el final la ciudad desde la que regresas
Esto es una preferencia personal. Si vas a recorrer un país, guarda la visita a la ciudad de tu vuelo de vuelta para los últimos días. Así te creas un colchón temporal: si surge un contratiempo, tendrás margen para resolverlo sin perder el avión de regreso.
Batallita: recorriendo Cuba de punta a punta en coche, al llegar a Santiago de Cuba teníamos que tomar un vuelo de retorno hasta La Habana. Pues bien, el vuelo no salió hasta el día siguiente. Si has estado en Cuba sabrás que no hay muchas alternativas para desplazarse. Perdí un día que iba a dedicar a explorar mejor La Habana, pero no perdí mi avión de regreso a España gracias a este truco. No dejes de viajar a este país es una maravilla.
6. En zonas tropicales, las actividades al aire libre mejor por la mañana
Si tu destino se encuentra en climas tropicales o viajas en épocas próximas al monzón, organiza los planes al aire libre siempre por la mañana. En mi experiencia, por las tardes lo normal es que llueva.

7. Con el pelo largo por caminos polvorientos: cúbrete la cabeza
Si llevas el pelo largo seas hombre o mujer y planeas subirte a un camión, un jeep o cualquier vehículo abierto para circular por caminos (sobre todo si son polvorientos), usa un pañuelo para cubrirte el pelo. Si no, terminarás con una melena como la de la madre de los Simpson.


8. No te separes nunca de tu identificación y reparte el dinero
Lleva siempre algo de dinero encima y no te separes de tu documentación. Yo dejo siempre algún documento oficial y algo de dinero o tarjeta en la caja fuerte del hotel, y otra parte viene conmigo. Si te estás trasladando o tu hotel no tiene caja de seguridad (el mundo es muy amplio y variado), reparte el dinero entre distintos bultos del equipaje: así, si te roban o extravías uno, siempre te quedará otro de respaldo.
9. Protege la documentación y el dinero en una funda estanca
La documentación, el pasaporte o el dinero que lleves contigo, mejor siempre dentro de un protector estanco. Pueden pasar mil cosas: una lluvia torrencial repentina, una mochila que se cae al agua al bajar de una barca (o tú mismo), una bebida que se derrama. Un pasaporte deteriorado no se acepta en los aeropuertos. Yo misma he visto rechazarles el embarque a unos pasajeros en un aeropuerto de Camboya por llevar una hoja del pasaporte medio rota. Sería un fastidio.

10. Lleva siempre moneda local suelta
Te hará falta para usar un baño público, comprar agua o coger un tuktuk. Incluso en caso de un atraco, es mejor tener algo que dar en un momento de apuro para evitar un problema mayor.
11. Si viajas siendo mujer, infórmate antes de las normas locales
Viajes sola o acompañada, conviene aceptar que existe una buena parte del mundo en la que el rol femenino y las normas sociales distan mucho de las masculinas. Te encontrarás con restricciones por ser mujer, o con requisitos de vestuario y comportamiento que no te quedará más remedio que respetar; incluso lugares en los que directamente te impidan la entrada. Si no estás dispuesta a ello, no viajes allí: las sociedades tienen que evolucionar desde dentro para que los cambios sean reales y efectivos.
12. Gel hidroalcohólico siempre a mano
Lleva siempre algo de gel hidroalcohólico o equivalente y úsalo al menos antes de comer cuando no tengas dónde lavarte las manos (sí, ya lo hacía antes del COVID), sobre todo en zonas donde los estándares de higiene son más relajados.
13. Cómo prepararte para visitar templos
Si vas a visitar templos —musulmanes en especial, pero también puede pasar en hinduistas, por ejemplo, porque cada templo tiene sus normas— normalmente te pedirán dos cosas:
Que te descalces
Tendrás que dejar los zapatos en el exterior. A veces te tocará andar descalzo por zonas sin enlosar, incluso al aire libre. Como no tengo costumbre, me resulta muy incómodo; en esos casos llevar unos calcetines ayuda: me los pongo y chimpún. No creo que nadie vaya a robarte los zapatos en una mezquita, pero si no te fías, guárdalos en una bolsa de plástico y llévatelos en la mochila.

Que te cubras
Tendrás que tapar cualquier parte del cuerpo que no se considere correcta según su confesión y esto variará si eres hombre o mujer. En un templo hinduista, por ejemplo, los hombros y las rodillas de una mujer deben ir cubiertos, además de la cabeza donde proceda. Los templos visitables suelen tener unos sayones enormes para que las mujeres se los pongan por encima: además de feos a más no poder (lo digo por si pensabas hacerte alguna foto dentro), no se lavan con frecuencia. Para esto puedes llevar tú misma una o dos pashminas, que pueden ser tu salvación: una para la cabeza y los hombros, y otra que puedas usar como pareo si llevas bermudas o pantalón corto. Y si encima combinan, estarás monísima. En una sinagoga será el hombre el que estará obligado a cubrirse la coronilla con un kipá (o kippah).

14. Lleva siempre una linterna
En buena parte del mundo, cuando anochece, anochece de verdad: no se ve nada y no abunda la iluminación. Por la misma razón, no te recomiendo conducir de noche en esos lugares. La linterna te servirá también para que otros vehículos te vean si vas caminando por algún arcén de carretera durante la noche (en ocasiones no hay otro camino).

15. En los países con grafías diferentes
Te aconsejo que lleves impresa la dirección de tu alojamiento en la grafía local: árabe, chino, cirílico, etc… puedes necesitarla para mostrarla a un taxista que no hable tu idioma. Además, en ocasiones necesitarás esta dirección para completar los formularios de ingreso al país. (*No olvides llevar siempre un boli a mano).

Dos consejos adicionales:
Conocer un destino es mucho más que ver sus monumentos
Conocer un lugar no es solo ver sus monumentos o sus parajes naturales. Intenta mezclarte y moverte fuera de las zonas turísticas, o al menos recorrer barrios donde la gente local hace su vida normal: visita sus mercados y prueba su gastronomía. El oído, el olfato y el gusto son sentidos que también viajan contigo; úsalos. Y usa también el sentido común: sin conocer el terreno, mejor no te metas en zonas marginales o conflictivas donde pueda haber criminalidad.

Y un par de superpoderes para el camino
Un superviajero tiene dos superpoderes: la paciencia y el sentido del humor. Una sonrisa sincera es la llave maestra del lenguaje universal y te abrirá la mayoría de las puertas. Podría añadir un tercero: el sentido común aplicado al lugar en el que te encuentres.

Preguntas frecuentes (FAQs)
Como mínimo unas 2 horas para una escala normal, que es el margen razonable para cruzar la terminal. Si tienes que cambiar de aeropuerto o pasar trámites aduaneros, cuenta con al menos 4 horas.
Algo para cubrirte hombros, rodillas y cabeza (una o dos pashminas son ideales) y unos calcetines por si toca andar descalzo por zonas sin enlosar. En muchos templos musulmanes e hinduistas el código de vestimenta es obligatorio.
Depende mucho del destino y de tímisma. En algunos lugares te encontrarás restricciones o normas de vestimenta y comportamiento que tendrás que respetar. Informarte antes de las costumbres locales es la mejor forma de evitar sorpresas.
No siempre. Al sumar extras, horarios incómodos y la distancia de sus aeropuertos a la ciudad, el precio final suele acercarse al de una compañía regular, pero con más inconvenientes.
Reparte: una parte en la caja fuerte del hotel y otra contigo. Si te trasladas a menudo, distribúyelo entre distintos bultos del equipaje y protégelo en una funda estanca.
Sí, no salgas sin un buen seguro de viaje con asistencia y repatriación: una urgencia médica fuera de casa puede costar una fortuna. Antes de salir, apunta el número de emergencias local (no en todas partes es el 112) y lleva un resumen médico básico: tu grupo sanguíneo, alergias, medicación que tomas y algún contacto. Si dependes de alguna medicación, viaja con la receta y llévala contigo en el equipaje de mano.
Triplica. Haz fotos del pasaporte, los visados y los billetes en el móvil, guarda una copia en la nube a la que puedas acceder desde cualquier sitio, y lleva además una copia en papel separada de los originales (en otro bulto). Si pierdes el original o te lo roban, los trámites en el consulado serán mucho más rápidos.
Antes de viajar contrata una eSIM o compra una SIM local al llegar; suele salir mucho más barato que el roaming. Y, sobre todo, descárgate los mapas offline de la zona (y capturas de pantalla de las direcciones importantes): igual que con la linterna, se trata de estar preparada para cuando no haya señal, que pasa más de lo que crees. Un mapa en papel de los de toda la vida también tiene su encanto y no se queda sin batería.
Dos imprescindibles que ocupan nada: un adaptador de enchufe universal y una batería externa cargada. Te salvan en aeropuertos, trayectos largos y en alojamientos con un solo enchufe en sitios imposibles. Si necesitas cargar varios dispositivos asegúrate de tener suficientes conectores, los enchufes en las habitaciones de hotel suelen ser escasos.
Avisa a tu banco de las fechas y los países a los que viajas para que no te bloqueen la tarjeta por uso “sospechoso”. Lleva al menos dos tarjetas de cuentas distintas (mejor si son de plataformas distintas: VISA, Mastercard, American,…) y guárdalas separadas, igual que el efectivo: si pierdes una o te la clonan, tendrás un plan B.
En muchos destinos no. Ante la duda, agua embotellada (comprueba que el precinto esté intacto) y evita el hielo, las ensaladas lavadas con agua del grifo y la fruta ya pelada. Cuidar esto te ahorra el clásico problema digestivo que arruina varios días de viaje; va de la mano del gel hidroalcohólico. Este síntoma, la llamada diarrea del viajero, recibe nombres simpáticos dependiendo del destino: la “venganza de Moctezuma” en Hispanoamérica o la “maldición del faraón” en Egipto.
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