1. Introducción a los viajeros involuntarios.
No solo viajan las personas, a lo largo de nuestra historia el viaje ha sido el vehículo que ha articulado la propagación de ideas, dioses, inventos, alimentos e incluso enfermedades. En esta nueva serie de artículos vamos a intentar seguir esas otras rutas y a esos otros “viajeros involuntarios” siguiendo la ruta que les ha traído hasta nuestros días.
2. El origen del chocolate: Cuando el “tchocolatl” era un brebaje mágico.
El origen del chocolate se conoce bien. Fue empleado por los aztecas y antes por los mayas. Para su consumo, se molían las habas del cacao hasta convertirlas en polvo, se les añadían algunos otros ingredientes como maíz o pimienta y a la mezcla resultante se le incorporaba agua fría y se removía con fuerza hasta que formaba espuma, a esta bebida la llamaban “tchocolatl”.
Para la nobleza azteca, esta bebida no era un postre, se consideraba un elixir frío, espeso y amargo, aromatizado con especias y ají se usaba de forma ceremonial o como un chute de energía para los guerreros, como el brebaje mágico de Obelix.

Esta poderosa mezcla, quizás la probó Colón en su cuarto viaje a América, es probable que no resultase de su agrado, ya suponía una auténtica sacudida al paladar de un europeo.
Si Colón trajo semillas de cacao a la corte española tras este viaje, no las acompañó del conocimiento de sus propiedades ni de los rituales de uso. Simplemente, no supieron qué hacer con ellas y pasaron desapercibidas. No se les dio ni el valor ni la importancia como para reflejarlas por escrito. Un largo viaje que no llegó a buen puerto.
3. Naufragio y rescate: Fray Jerónimo y la primera ‘cata’ en España.
Las primeras noticias escritas sobre el cacao se deben a Fray Jerónimo de Aguilar [1], natural de Écija (Sevilla), que recién ordenado clérigo se alistó en una expedición a las américas. Por el año 1511 fray Jerónimo formaba parte de la tripulación de una carabela que navegaba desde el Darién (en la actual Panamá) en dirección a La Española (Santo Domingo) cuando una tormenta destrozó el barco. Fray Jerónimo junto con unos pocos náufragos alcanzaron las costas del Yucatán donde fueron apresados y tras diversas vicisitudes quedaron al servicio de un cacique maya durante ocho largos años.
A finales de febrero de 1519, Hernán Cortés, que marchaba a la conquista de México, arribó con su hueste a la isla de Cozumel, frente a la costa de Yucatán. La llegada de Cortés con órdenes de intentar rescatar a cualquier español superviviente permitió cambiar la suerte de Aguilar que a partir de ese momento haría las veces de interprete entre los españoles y los mayas. Más tarde se incorporaría Malinche que hablaba maya y náhuatl a este equipo de intérpretes, ella traducía del azteca al maya para Aguilar que a su vez traducía el maya al español para Cortés. Este trío trabajó conjuntamente, hasta que Malinche (Doña Marina) aprendió el español y pudo actuar como intermediaria única.
El 30 de octubre de 1520, Hernán Cortés escribía en una carta con relación al cacao:
«es una fruta como almendras, que ellos venden molida, y tienen en tanto que se trata por moneda en toda la tierra y con ella se compran todas las cosas necesarias en mercados y otras partes».
Constataba así Cortés el uso de las habas del chocolate como moneda en aquellas tierras. Cortés reseñó que esa bebida generaba a quien la degustaba cierta sensación de bienestar y energía inusitada, aunque era obligado endulzarla con miel, ya que el amargor del achiote que llevaba era complicado de digerir. Muchas fuentes le atribuyen el haber traído un cargamento de estas habas o semillas a la corte española. Si bien esto tampoco ha quedado documentado.

La primera evidencia documentada de la prueba del cacao en España la encontramos en una delegación Kekchi enviada a visitar al príncipe Felipe, futuro Felipe II, entre cuyos presentes aparece el cacao. Fue Bernal Díaz del Castillo uno de los primeros en reportar el uso del nauatl xocoatl como bebida y como moneda. La palabra se incorporaría al castellano como “chocolate” y esta denominación se expandió a lo largo de todo el mundo junto con el producto del cacao.
4. La transformación: del tchocolatl frío al chocolate caliente ‘a la taza’.
Se atribuye al mismo Fray Jerónimo de Aguilar el haber enviado habas de chocolate, así como la receta para prepararlo al abad del Monasterio cisterciense de Piedra. Los monjes aragoneses le darían una vuelta a su uso, más dulce y especiado al gusto europeo, también probaron a servirlo caliente “a la taza”. El consumo de chocolate se hizo extensivo en los monasterios en los que se usaba para combatir las carencias provocadas por los ayunos. Desde estos su consumo se fue capilarizando entre las capas altas de la sociedad y al conjunto de la corte española.

5. El furor del chocolate en la vieja Europa
La nueva y notable afición de la sociedad española por el chocolate, una vez adaptado a su gusto, hizo que se buscasen nuevas ubicaciones, más accesibles para su cultivo.
Se intentó plantar el cacao en la Península Ibérica pero no resultó, pues el árbol solo crece en latitudes comprendidas entre los 20° norte y los 20° sur. El desarrollo y la necesidad de buscar nuevos climas adecuados para su crecimiento y desarrollo hacen que los árboles del cacao lleguen hasta la isla africana de Fernando Poo, en la Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial), y desde ahí se extienda por gran parte del continente africano.
A partir de las décadas de 1850 y 1860, comienzan las plantaciones de cacao en Fernando Poo y su exportación a Europa. Villajoyosa en Alicante era puerto de entrada de mercancías procedentes de estos territorios, lo que propició que se iniciase una industria de molienda de cacao, que más tarde evolucionarían a fábricas y artesanos del chocolate y extendería su venta ambulante; una actividad que se mantiene hasta nuestros días.

El chocolate ya se servía en las confiterías de Madrid durante el siglo XVII. La pasión de la época la describe el escritor Marcos Antonio Orellana en una breve rima:
¡Oh divino chocolate!
que arrodillado te muelen,
manos plegadas te baten
y ojos al cielo te beben.
Tal fue su divulgación que las mujeres de la nobleza solicitaron llevarlo a la iglesia, acto que no gustó entre los obispos, lo que suscitó que en 1681 se publicase una circular del nuncio apostólico prohibiendo el consumo de chocolate en las iglesias durante los sermones. Ver la circular AQUÍ.
Como contrapartida, las chocolatadas celebradas después de los oficios religiosos alcanzaron gran popularidad.
Surgirían nuevos elementos domésticos inspirados en la moda del chocolate como por ejemplo la incorporación de la vajilla típica española para las chocolatadas que constaba de una jícara (palabra de etimología náhuatl «xicalli»), se removía el chocolate caliente con un molinillo y se servía en una bandeja especial denominada mancerina, inventada en 1640 por el marqués de Mancera, virrey del Perú. En aquella primera época era muy habitual servir el chocolate con dulces (por regla general bizcochos) que se remojaban en el chocolate caliente.

El chocolate sedujo a la infanta española Ana de Austria quien, al casarse en 1615 con el rey de Francia, Luis XIII, llevó a la corte francesa su dulce costumbre, arraigando así el chocolate con fuerza en la corte francesa, y extendiéndose así por el resto del viejo continente.
Otra popular bebida exótica el café tendría más dificultades para incorporarse a las rutinas españolas, precisamente por competir con una bebida tan arraigada como el chocolate.
6. El cacao cambia sus reglas: de la mesa real a la industria suiza
La primera producción mecánica de chocolate se data en Barcelona en 1777, con un molinillo mecánico impulsado por vapor, considerada el principio del final de su elaboración artesanal y en consecuencia el inicio de la “revolución industrial” para este producto.
En 1819 el suizo François-Louis Cailler creó su fábrica de chocolate en Vevey-Suiza (la más antigua aún en producción bajo la marca Nestlé). Cailler consiguió crear la primera versión de una tableta de chocolate, tal y como la conocemos hoy.
En 1830 otro chocolatero suizo, Charles-Amédée Kohler, abre su fábrica e inventa algo que sería decisivo para la industria del chocolate en los años posteriores: el chocolate con avellanas (o nueces).

Finalmente, en 1904 estos cuatro emprendedores de la industria del chocolate y la leche se empiezan a fusionar para hacer más grandes sus empresas, formando todas parte del grupo Nestlé en 1929. Esto convierte a Nestlé en el mayor fabricante de chocolate suizo.
7. Más allá de los postres.
Si bien el mole mexicano (Oaxaqueño, poblano, verde, Doña María…) es el embajador de la fusión de la herencia indígena y española en la cocina mejicana por excelencia, su presencia en la alta cocina contemporánea ha trascendido las fronteras. Chefs de todo el mundo están incorporando el cacao como un ingrediente umami, amargo y terroso capaz de realzar sabores complejos en creaciones sorprendentes. Desde reducciones para carnes rojas (como el magret de pato o el solomillo) donde su amargor profundo se complementa con vinos y especias, hasta aderezos innovadores para ensaladas o marinadas para aves. Con más atrevimiento se encuentran opciones en platos marineros, donde un toque sutil de cacao puede potenciar la intensidad de pescados azules o mariscos, aportando una complejidad inusual y sofisticada que deleita a los paladares más exigentes y aventureros.
En un ámbito más próximo, te diré que tengo amigas que añaden algo de chocolate cuando cocinan las lentejas.
Las propiedades medicinales del chocolate fueron otra de las características más apreciadas en Europa entre los siglos XVI y XIX, llegando a tomarse como remedio digestivo y estimulante. Hoy es muy apreciado (en su variante pura, sin mezclar con leche ni azúcar) por su cantidad de antioxidantes, minerales esenciales (magnesio, hierro, potasio,…) y compuestos bioactivos. Tiene beneficios para la salud cardiovascular y mejora el humor y la función cerebral.
Nota: Para aprovechar los beneficios del cacao, se recomienda un consumo moderado, generalmente una onza (unos 20-30 gramos) de chocolate negro al día.
8. La última etapa del viaje: el chocolate en el siglo XXI
El viaje del cacao, de ser una bebida ceremonial azteca a un manjar de la nobleza europea, no terminó con la industrialización. Hoy en día, el chocolate se ha consolidado como una mercancía global cuyo mercado se valoró en más de 63.76 mil millones de dólares en 2024, y se espera que siga creciendo, especialmente en el mercado asiático.
El mapa del consumo actual revela cierta ironía: en general, los países que más consumen no son los que lo producen (con la excepción de Costa de Marfil).
- Líderes de Consumo: A la cabeza del consumo per cápita se encuentra su mayor productor Costa de Marfil, seguido de países como Islandia, Luxemburgo y Francia, en la lista entra Israel y la mayoría de las naciones europeas. Los países, que industrializaron el proceso, se encuentran ahora entre los mayores devoradores del producto.
- Líderes de Producción: Por otro lado, la producción mundial está dominada por África, con Costa de Marfil y Ghana aportando cerca del 70% del cacao global, seguidos por países como Indonesia, Ecuador, Brasil y Camerún.


En el siglo XXI, el consumidor de cierto nivel no solo busca calidad, sino también conciencia. Las tendencias clave son:
- Chocolate premium y negro: Hay una demanda creciente de chocolates con alto porcentaje de cacao y menos azúcar, percibidos como opciones más saludables y de mayor calidad.
- El Factor mood food: Se valora el chocolate por sus beneficios cognitivos y anímicos, buscando opciones enriquecidas con botánicos para favorecer la concentración y reducir el estrés.
- Abastecimiento ético: Según un Estudio Global de Sostenibilidad (Simon-Kucher, 2024), más del 50% de los consumidores están dispuestos a pagar algo más por el chocolate certificado de comercio justo y sostenible. Esto refleja una preocupación por las condiciones laborales y el impacto ambiental en los países productores, cerrando el círculo de la historia del cacao con un nuevo enfoque hacia una mayor responsabilidad.
9. Un viaje en cada onza
La próxima vez que te sientes a disfrutar de una humeante taza de chocolate a la taza, o saborees una onza de chocolate, recuerda que estás participando en una tradición de más de cinco siglos, iniciada con un brebaje amargo en las cortes mayas y que ha pasado por las tazas de monjes y monjas, virreyes, reinas y confiteros. Estás degustando, literalmente, una historia de exploración, naufragios, colonización, innovación y revoluciones industriales; en ocasiones dulce y en otras amarga.
¿Qué te ha parecido esta idea? Pienso seguir explorando estas “otras rutas” de la historia. ¿Qué otros viajeros involuntarios (ideas, inventos o alimentos) crees que merecen un artículo? ¿Qué historia te gustaría que desveláramos en un futuro post?
Bibliografía:
[1] Sucinta reseña y observaciones acerca del origen del chocolate y su fabricación (1869) – López y López, Matías, 1825-1891 https://bvpb.mcu.es/es/consulta/registro.do?id=617072
[2] “Data Page: Yearly per capita supply of cocoa beans”. Our World in Data (2025). Data adapted from Food and Agriculture Organization of the United Nations. Retrieved from https://archive.ourworldindata.org/20250925-235133/grapher/chocolate-consumption-per-person.html [online resource] (archived on September 25, 2025).
[3] “Data Page: Cocoa bean production”, part of the following publication: Hannah Ritchie, Pablo Rosado, and Max Roser (2023) – “Agricultural Production”. Data adapted from Food and Agriculture Organization of the United Nations. Retrieved from https://archive.ourworldindata.org/20250909-093708/grapher/cocoa-bean-production.html [online resource] (archived on September 9, 2025).
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