¿Por qué Villajoyosa o la Vila Joiosa?
¿No es extraordinario encontrar una ciudad que se llame la ciudad del gozo, de la alegría o de la felicidad? Porque déjame decirte que es lo que viene a significar el nombre de esta coqueta y colorida población mediterránea.
Aunque se escuchan muchas teorías respecto a este nombre, su origen obedece a una estrategia de marketing de su fundador cristiano, el noble catalán Bernat de Sarrià, almirante del rey aragonés Jaume II. Cuando se le entregó el lugar para su repoblación necesitaba darle un nombre atractivo que le ayudase a seducir a nuevos colonos cristianos y atraerlos a unas tierras que, en 1300, recién reconquistadas, eran peligrosas, y se hallaban rodeadas de moriscos y expuesta a la piratería berberisca. Si te extraña, no es el único caso, lo mismo ocurrió con nombres como Vista alegre o Vistabella.
¿Por qué deberías visitar Villajoyosa?
Si aún no la tienes localizada en el mapa, solo tienes que seguir la costa hacia el norte desde Alicante, a menos de 30 KM, justo antes de la popular Benidorm. Puedes llegar hasta allí muy fácilmente usando el transporte público, la línea de TRAM que une Alicante con Denia tiene parada en La Vila y en muchos otros puntos de la costa.
Podría darte infinidad de razones ─todas ellas muy mediterráneas─ por las cuales deberías dejarte seducir por este pequeño y encantador municipio costero. El caso es que muchas de ellas no son exclusivas de La Vila, sino que las comparte con otras poblaciones marineras vecinas y también muy mediterráneas. De manera que lo vamos a hacer al revés, déjame que te cuente qué tiene La Vila que la hace especial y única.
1. Villajoyosa huele a chocolate
Mi primer recuerdo de la ciudad se remonta al año 2000, cuando tuve que visitarla en un par de ocasiones por razones laborales. Dicen que el olfato es el sentido más primitivo que tenemos y que está conectado con nuestro cerebro más antiguo. Yo recuerdo que La Vila olía a chocolate y ese olor se ha quedado inexorablemente ligado a ella en mi memoria.
Por aquel entonces yo no entendía muy bien qué tenía que ver esta encantadora ciudad costera con el chocolate, ya que yo lo asociaba o bien a su origen mejicano (cuando fuera Nueva España) o a los suizos en sus montañas semiheladas. ¡Qué poco sabía yo entonces de la “bebida de los dioses”! Y qué gran ocasión para conocer la historia de este singular alimento en tu viaje a La Vila, donde puedes aprovechar para visitar algunas de sus centenarias fábricas de chocolate. Préstale especial atención a la de Chocolates Valor que ha creado el primer Museo del Chocolate de la Comunidad Valenciana.

Visitas guiadas cada hora en punto entre las 10 y las 13, y entre las 16 y las 19 de lunes a viernes, y los sábados solo por la mañana.
Nota: Las visitas de las 10:00 y 16:00 se realizan en inglés.
La nueva y notable afición por la sociedad española por el chocolate, una vez endulzado y adaptado al gusto europeo, hizo que se buscasen ubicaciones más accesibles para su cultivo. Entre las décadas de 1850 y 1860, comienzan las plantaciones de cacao en Fernando Poo (en la Guinea Española, hoy Guinea Ecuatorial). Villajoyosa era puerto de entrada de mercancías procedentes de estos territorios, iniciando una industria de molienda de cacao, que más tarde evolucionarían a fábricas y artesanos del chocolate y de su venta ambulante. Pero la historia del viaje del chocolate alrededor del mundo, te la contaré en otro artículo.
2. «La Vila» histórica y monumental.
Disfruto muchísimo explorando lugares que están repletos de historia y de historias, y en Villajoyosa tenemos más de dos mil quinientos años de personajes, batallas, emociones y sueños de sus moradores que han dejado innumerables huellas entre sus viejas y angostas callejuelas.
Para aproximarte mejor a la riqueza patrimonial de la ciudad te recomiendo empezar por Vilamuseu. En el reciento podrás conocer los orígenes de la ciudad, la fundación fenicia, allá por el siglo VII a.c. Aquellos grandes comerciantes del Mediterráneo no llegaron con las manos vacías, trajeron con ellos nuevas plantas y animales domésticos, nuevas tecnologías que no eran conocidas por estas tierras, nuevos creencias, dioses y nuevas formas de adorarlos. Villajoyosa, probablemente llamada Alonís, fue la fundación más al norte que realizaron los fenicios en la península.
2.1. Orígenes Fenicios y Romanos
En aquellos tiempos ya se usaba el Santuario de la Malladeta, un par de kilómetros al sur del núcleo urbano, como observatorio astronómico. En los equinoccios, el sol sale justo sobre la ladera derecha de la isleta de Benidorm, lo que marcaba el inicio de ciclos de cultivo. En este lugar se marcaba el día mitad y se rendía culto a la diosa madre, aquella que tiene muchos nombres. Este santuario estuvo en uso, con modificaciones hasta época romana, al menos hasta el año 80, cuando la ciudad romana pasó a tener consideración de municipium y a disponer de un foro.
Ya de época romana han aparecido muchos más vestigios de la ciudad que se cree que era llamada Allon. Podrás ver en la ciudad muchas piezas en Vilamuseu, enterramientos, unas termas monumentales (aún no visitables, en proceso de excavación y museización) y la fantástica Torre de Hércules o Torre de Sant Josep.

Esta torre, del siglo II, es un fabuloso monumento funerario de algún personaje importante de la ciudad, además de ser la mejor conservada de toda la Comunidad Valenciana es una de las tres más importantes que se conservan de toda la Hispania Tarraconensis. Su ubicación no es la habitual junto a una transitada calzada, ya que se encuentra en un talud frente al mar. Los romanos tenían la creencia de que la morada de un difunto debía estar en un lugar donde pudiera ser admirada y contemplada por los vivos, y en este caso eligieron este lugar para que pudiera ser vista desde el mar por los muchos barcos que fondeaban en el puerto de la ciudad.

Hasta donde se sabe, la ciudad no estuvo poblada durante los siglos de ocupación islámica, aunque sí que hay restos de alquerías agrícolas repartidas por la comarca.
2.2. La Villajoyosa Medieval y sus Fortificaciones. Una historia de piratas.
Tras la reconquista de la zona, en el año 1300 se produce la fundación de la nueva ciudad cristiana, una pobla nova, la tarea la asume Bernat de Sarriá, noble catalán al servicio del rey Jaume II el Just, quien compra estas tierras a la Orden de Santiago en 1293, y las llama por su nombre actual Vila Joiosa, que en el catalán de entonces significa “ciudad alegre”, y que fue repoblada con gentes venidas de otras zonas del reino de Aragón, trayendo consigo una nueva cultura e idioma. La compra fue declarada ilegal y la ciudad devuelta a la orden de Santiago en 1311.

Se construyó una pequeña ciudad medieval amurallada, en la misma elevación que ocupó la antigua ciudad fenicia y luego romana. Contaba con un castillo de planta cuadrada, del que no queda nada en pie, pero que te puedes imaginar con ayuda de la maqueta que verás si visitas la explanada del castillo.
En 1443 la reina María de Castilla le otorga el estatus de Villa Real, dando autonomía a la ciudad y liberándola del poder de la orden de Santiago.
A lo largo de los siglos XVI y XVII, la región se vio asediada por una implacable oleada de incursiones berberiscas. Entre ellas, destaca el asalto del 29 de julio de 1538, un evento significativo y documentado. En esa ocasión la valiente y casi milagrosa victoria de los cristianos que defendían la ciudad fue atribuida a la intercesión divina de Santa Marta, es especialmente interesante leer como los textos de la época hacen clara la alusión al rol fundamental que desempeñaron las mujeres en la resistencia y defensa de la ciudad.
Cada año, del 24 al 31 de julio, Villajoyosa se viste de gala para celebrar sus fiestas de Moros y Cristianos en honor a Santa Marta, un espectáculo declarado de Interés Turístico Internacional en 2003. Con una antigüedad de más de 250 años, estas festividades no son solo una tradición, sino una recreación del ataque pirata berberisco de 1538. Lo que hace a estas fiestas verdaderamente singulares es su dramática puesta en escena llena de pólvora y fuego, que culmina con un impresionante combate naval y un espectacular Desembarc nocturno en la playa, reviviendo la heroica defensa de sus habitantes.

En respuesta y para protegerse de los ataques se reforzó la fortificación de su casco urbano reforzando y ampliando en 1550 las murallas y el castillo y construyendo la Iglesia Fortaleza de la Asunción. Se estableció un perímetro de vigilancia con un sistema defensivo de alerta a base de torres vigías en la costa (las torres del Xarco y Aguiló) y en el interior (Era Soler, Jaugelles, Aixihuli, Barberes, etc.).

Durante la Guerra de Sucesión (1700 – 1713) La Vila que se había alineado con la causa austriacista, es sometida a un durísimo asedio y una vez rendida (1708), fueron destruidos la mayor parte de sus portales, el castillo y el recinto amurallado. Los restos de muralla que han llegado a nuestros días pertenecen a lo que se salvó de la destrucción y pudo restaurarse. También quedan en pie las dos torres de vigilancia costeras.
2.3. Un Templario en la Casa Museo La Barbera dels Aragonés
Por si todo esto te parecen poco, qué dirías si te cuento que también tenemos el legado de un Templario en La Vila…
Cuenta la tradición local, que fue un templario que se instaló en La Vila, tras la conquista cristiana allá por el siglo XIII, el que marcó el origen de la hidalga familia Aragonés.
Esta importante y acaudalada familia, que disponía de grandes propiedades en la comarca, es la que fue atesorando fragmentos de la historia del lugar en su casa solariega (que entonces se encontraba a las afueras) La Casa Museo La Barbera dels Aragonés, que te recomiendo visitar.
Aunque la casa se construyó a finales del XVII, es el siglo XIX en el que se han parado los relojes y se ha detenido el tiempo entre sus paredes. Un recorrido por las distintas estancias que te permitirá deambular por un escenario decimonónico: muebles y enseres, vestuario de la época, los juguetes que entretenían a esos niños y niñas, a los que podemos ver inmortalizados en la fascinante colección de fotografías históricas de la familia. Te asomarás a esta “cápsula temporal” de la mano de una de las guías oficiales de Vilamuseu que sin duda te contagiarán su pasión por el espacio y las historias que encierra.
Entre las muchas curiosidades de la casa encontramos mobiliario de hierro que aparece publicitado en los catálogos de la Exposición Universal de Londres de 1851. Vajilla, objetos y cajas de galletas, de origen británico. Souvenirs de decoración oriental fabricados para los turistas occidentales e incluso una enigmática bola-espejo que podría ser una “bola de brujas” empleadas para espantar a los malos espíritus.

Hoy, además de museo, este palacete histórico acoge eventos culturales y bodas en el coqueto y romántico Jardín de Doña Concha Barbera.
DATOS PRÁCTICOS: Casa Museo La Barbera dels Aragonés
Visita guiada de martes a viernes a las 13:00h
Precio: 1,5 €
3. La historia que duerme bajo las aguas.
Todo esto, que no es poco, es lo que se puede encontrar en la superficie, pero y lo que hay más abajo.
Vámonos ahora a conocer una de las joyas de la arqueología submarina del Mediterráneo, pero esta vez tendremos que sumergirnos bajo las aguas para conocer el Bou-Ferrer.
En 1999, las profundidades marinas frente a Villajoyosa revelaron un tesoro oculto: dos buzos, Bou y Ferrer, dieron con los restos de un imponente carguero romano, hundido en el siglo I d.C. a sólo 25 metros bajo la superficie y a 1 km de la costa. El pecio se encontró intacto, cargado con unas 2500 ánforas que antaño contuvieron salazones de pescado, y se convirtió de inmediato en un hito arqueológico. Bautizado como Bou-Ferrer en honor a sus descubridores, sus treinta metros de eslora lo convirtieron en el mayor barco romano en excavación de todo el Mediterráneo.

El naufragio está perfectamente datado entre los años 64 y 68 d.C. La carga principal eran 2.500 ánforas hechas a mano en Gades (Cádiz) y lingotes de plomo puro que llevan impreso el nombre del emperador Nerón y que se cree se utilizarían para reconstruir las tuberías de agua en Roma después de la quema de la ciudad en el año 64 d.C. Cada ánfora contenía unos 40 litros de “garum“, la salsa hecha de especias y pescados de la que ya os hablé en el artículo sobre Cádiz.


En Vilamuseu tiene toda una sección dedicada a esta joya histórica, con mucho material recuperado del pecio y una maqueta a escala del barco.
Este naufragio milenario ofrece una experiencia única e inolvidable, ya que puntualmente es posible observar los trabajos arqueológicos con experiencias de buceo controlado, bajo una estricta supervisión, para conocer de primera mano una excavación submarina.
El Bou-Ferrer está reconocido por la UNESCO dentro de su registro de buenas prácticas en la gestión del patrimonio cultural subacuático.
Nota Práctica: Según la información que comparte la web de Turismo de Comunitat Valenciana, la única empresa autorizada para programar estas inmersiones es Ali-Sub. Web www.ali-sub.com
4. Las casas marineras de mil colores.
Voy a contarte otra historia fascinante, muy relacionada con la vida y las necesidades de las comunidades costeras. ¿De dónde viene la tradición de pintar y diferenciar las fachadas de las casas con colores vivos en Villajoyosa?

Se cuenta que originalmente, esta práctica surgió de una necesidad de los pescadores: cuando regresaban a puerto, a menudo después de largas jornadas en el mar, enfrentándose a tormentas o a la oscuridad del atardecer, los colores vibrantes de sus casas servían como puntos de referencia visuales. Cada color distintivo ayudaba a los marineros a identificar su propio hogar o el muelle desde la distancia, guiándolos de vuelta a casa. Además, desde las casas se podía emplear un sistema de señales, así por ejemplo si se colgaba un enorme lienzo negro en la ventana, advertía al pescador que algo malo había ocurrido en su casa y debía regresar; por el contrario, una sábana blanca podía indicar una noticia feliz como el nacimiento de un hijo.
Con el tiempo, a medida que estas pintorescas aldeas costeras comenzaron a atraer a turistas y veraneantes, la gente decidió mantener y realzar los hermosos colores de sus fachadas. Lo que antaño fue una necesidad funcional para los pescadores, se transformó en un elemento clave del encanto y el atractivo estético de la localidad, contribuyendo a su identidad y belleza.
Así, lo que empezó como una ingeniosa solución para orientarse en el mar y adaptarse al clima, se convirtió en una característica icónica que hoy es seña de identidad de La Vila.
5. Un paisaje para vigilar el paso del tiempo.
Al norte y al sur discurren senderos y rutas que siguiendo la costa te llevan a contemplar paisajes evocadores y maravillarte con la transparencia de las aguas y los cortados que abrazan las pequeñas y casi inaccesibles calas.

Por ejemplo, puedes tomar el Sendero de la Colada de la Costa, por el que puedes llegar hasta Benidorm, aunque no es necesario ir tan lejos. Un agradable paseo que parte de la bonita playa del Torres, junto a la Torre romana de Sant Josep y por el que asciendes hasta la torre vigía del Aguiló, son unos 4 kilómetros. Mejor ir preparado con agua y protección solar y estar atento a las señales para no confundirse. A cambio del esfuerzo y de la solana, tu recompensa será disfrutar de unas vistas maravillosas.


Hacia el sur no tenemos un sendero panorámico, pero te puede interesar llegar hasta el punto donde se encontraba el Santuario íbero y romano de la Malladeta (la torre no es antigua, sino una construcción reciente) o también hasta la Torre del Xarco, la otra torre vigía de la costa. Este es otro lugar muy buscado por los amantes de la fotografía, el perfil de la torre al fondo con la cala del Xarco en primer plano mientras el sol se esconde en el horizonte es uno de los más inmortalizados.
Si prefieres ver el paisaje desde el mar, hay varias opciones para realizar actividades en kayak u otros deportes acuáticos.
6. En Villajoyosa también hay playa.
No me gusta demasiado la playa, parece una incongruencia siendo como soy mediterránea hasta la médula. No me gusta la playa en verano, atestada de turistas, niños correteando por la arena y la competición de música sintética que no me deja escuchar el sonido del mar.
Amo el mar, eso sí. No, no es lo mismo. Disfrutar de ese momento y ese espacio en el que ambos compartimos algo, un vínculo muy íntimo, el de estar conformados por la misma agua esencial. Algo mágico.

Aunque parezca una obviedad en Villajoyosa (La Vila) también hay playas, doce para ser exacta. Perfectas para relajarse, practicar actividades acuáticas o simplemente sentarse a contemplar el horizonte como han hecho los vileros durante miles de años a esperar y ver qué nos trae hoy el mar. Más mágicas si cabe fuera de la temporada alta.

Doce kilómetros de playas, de arena unas y de cantos otras. Dotadas de servicios y banderas azules. Algunas muy accesibles, en el mismo centro de la ciudad, otras calas más escondidas de difícil acceso por tierra, perfectas para los que disfrutan del mar a lo natural, como la recóndita y naturista Racó Conill (que traducido del valenciano sería el “rincón del conejo”), no digo nada más 🤭.
Aguas claras y templadas, perfectas para practicar el snorkel o el buceo y disfrutar del fondo marino litoral, un paisaje mágico en el que podemos toparnos con bosques de posidonias que se balancean a merced de la corriente, bancos de brillantes castañuelas, doradas, julias, …
Perderse sin perder los sentidos
Camina por las callejuelas de la ciudad. Sube. Baja. Hay algunas cuestas y escaleras. Encuentra rincones mágicos. Fíjate en la gente que se sienta con las sillas en la puerta “a la fresca” de la tarde, a los pies de un enorme mural que representa a una tejedora de redes. Saluda a los vecinos. Los vileros son muy abiertos.



Cruza el Puente Antiguo sobre el río Amorio, mejor al atardecer, para poder observar desde el otro lado las casas colgantes de La Vila, estrechas, llenas de colores y encaramadas a los restos de muralla. Estos días yo me alojo en una de ellas.
Baja hasta la desembocadura donde verás algún pescador probando suerte con su caña, a una joven paseando a su perro y a un par de mayores sentados en un banco mirando al mar, como han hecho siempre los vileros, mientras las palmeras se balancean con la brisa.

Sigue caminando por el paseo marítimo paralelo a la playa, con sus diferentes nombres y llega hasta el puerto. El faro del espigón del puerto es uno de los lugares favoritos de los amantes de la fotografía. Si llegas por la tarde quizás puedas ver a los barcos de los pescadores descargando género que irá a la subasta de la Cofradía de Pescadores.

Por la mañana no dejes de darte una vuelta por el Mercado Central, hasta las 14:00, tendrás ocasión de rodearte de los productos del mar y de la tierra, incluso de tomarte un vermut allí mismo. En el mercado los comerciantes se muestran locuaces y casi descarados. Un señor al que le llama la atención mi cámara me saluda desde su mesa del almuerzo y me ofrece de su plato de chorizo: —coge hija, coge—. La vendedora de aceitunas se alegra de ver pasar una charanga de músicos y la carnicera se iría bailando detrás de la música, como si estuviera en Hamelín. ¡Qué buen rollo tienen en La Vila!


Y ya que estamos paseando por las calles del centro, acércate al Café Mercantil y conoce la historia de la bebida más curiosa de La Vila, si eres atrevido pídete un Nardo, una mezcla de café granizado y absenta típica de aquí, te gustará o no, pero no te dejará indiferente.


Solo te queda elegir un restaurante y probar algunas de las especialidades de su cocina más marinera, con los pescados procedentes de Cofradía de pescadores, guisos, arroces y calderos de pescado y marisco no deberían faltar en la mesa. Descubrirás algunos arroces peculiares como la paella bruta de sepia y alcachofa (bruta=sucia) o el arroz de pulpo y calabaza.

Y si aún quieres darte un placer, recuerda que puedes volver donde empezamos, y pedirte algún plato con chocolate.
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