Hubo un tiempo en que en el cielo de Alcoy el humo de cientos de chimeneas dibujaba la silueta de la ‘Pequeña Manchester’ española, una potencia industrial que vestía a medio país, mientras sus palacetes modernistas competían en lujo. Pero tras las fachadas de forja y azulejo de la Casa del Pavo o el simbolismo masónico del Círculo Industrial, late una historia de contrastes violentos. En este post nos adentramos en el Alcoy que no siempre sale en las postales: el de la Revolución del Petróleo de 1873 y el de la ciudad que, décadas después, durante la Guerra Civil, se convirtió en la fábrica de la guerra y tuvo que excavar más de veinticinco refugios para proteger a sus gentes de las bombas.
1. Alcoy ciudad industrial. Metal y agua.
¿Por qué Alcoy llegó a convertirse en uno de los emblemas de la industrialización en España? Hasta el punto de que se llamó a la ciudad “la pequeña Barcelona”.
Si me preguntasen cuál es el motor que puso en marcha el destino de Alcoy, la respuesta sería rotunda y ya te he hablado de ello en otro post: su orografía. La abundancia de agua y, sobre todo, los fuertes desniveles de los ríos Riquer y Molinar, permitieron a los alcoyanos domesticar y sacar rentabilidad a la fuerza hidráulica ya desde el siglo XV, siendo uno de los primeros puntos de industrialización de la Comunidad Valenciana y de todo el país.
Los diferentes oficios que empleaban la fuerza del agua se distribuyeron por diferentes tramos de los ríos. Mientras que en el curso alto del Riquer se instalaron los molinos papeleros, su curso bajo se teñía con los colores de los tintes para lanas. Esta simbiosis entre el agua y la industria ha dejado innumerables restos que puedes contemplar si decides realizar el itinerario arqueológico Ruta industrial del Molinar de Alcoy. Unos 8 kilómetros (aprox 3h) de paseo con poca dificultad que te permitirá recorrer un escenario declarado Bien de Interés Cultural, testimonio de la Revolución Industrial en España.

Puedes realizar el recorrido guiado que te ayudará a comprender lo que estás viendo, con la empresa QualityTours Mariola o bien hacerlo por tu cuenta. Aquí te enlazo la ruta en Wikiloc.
Las principales industrias de Alcoy han sido la del papel, la textil y la metalúrgica, y todo tipo de manufacturas. Te voy a resumir la cronología de la época para que puedas hacerte una idea de la enorme envergadura del sector que ha dejado como testimonio innumerables edificaciones en la ciudad: fábricas, almacenes, chimeneas, …
1723: La Fábrica de Paños, una asociación gremial, pasa a ser Real Fábrica de Paños.
1731: Cédula Real con privilegios para fabricar paños para los ejércitos reales.
1764: Alcoy ya es una ciudad industrial, en la que el 54,6% de su población trabaja en la industria.
1780: Con 21 molinos papeleros en funcionamiento, Alcoy exporta papel de fumar a América.
1808: En este año, Alcoy ya era una potencia papelera: más de la mitad de todas las tinas de producción de papel del Reino de España estaban instaladas aquí, en los 25 molinos del término. Hablamos de una industria que, aunque de carácter tradicional, ya dominaba el mercado nacional.
1840 – La industria papelera alcoyana supo adaptarse a una creciente demanda. De las 200.000 resmas producidas ese año (¡son 100 millones de hojas de papel al año!), 180.000 ya se destinaban al papel de fumar, un producto que se convertiría en el emblema de la ciudad. Imagina el trasiego de carros y carretas que salían de Alcoy, en dirección a toda España.
1860 – El ingenio de Francisco Laporta Tort revolucionó el mercado al inventar un papel de fumar que producía una ceniza blanca impecable, un detalle de calidad que marcó la diferencia en la época.
1880 – La llegada de la máquina de vapor: La instalación de la primera máquina de papel continuo supuso el fin de los antiguos molinos de tina. Alcoy dejó de fabricar “hoja a hoja” para entrar de lleno en la modernidad, produciendo desde papel seda para envolver naranjas hasta el papel para las barajas de cartas.
1934 – Un hito de concentración empresarial. Casi todos los fabricantes locales se fusionaron para crear un gigante papelero Papeleras Reunidas S.A., lanzando marcas icónicas como el papel de fumar Bambú.
2. Dinero, poder y masonería
Dinero y poder en manos de unos pocos privilegiados. Aunque te resulte extraño, en el siglo XIX, la forma más extendida y, a menudo, más controvertida de pago a los trabajadores, fue el sistema de camelo (una variante local del truck system anglosajón). Este método consistía en el pago de salarios, total o parcialmente, mediante vales o fichas que solo podían ser canjeados en las tiendas o economatos propiedad del mismo patrón de la fábrica. Con la creación de la peseta en 1868, el pago comenzó a estandarizarse a pago semanal en metálico, no sin pasar antes por duras protestas y exigencias por parte de los trabajadores y sindicatos. Con el nuevo sistema de pago hasta la ciudad llegó una sucursal del Banco de España (1884) y hasta cinco bancas privadas que abrieron oficinas en espléndidos edificios modernistas. Hacía falta que circulasen grandes sumas de dinero en efectivo para el pago a los miles de trabajadores y negociar continuas líneas de crédito.

El Alcoy del siglo XIX, marcado por el auge industrial y los conflictos sociales, encontró en la masonería una voz que intentó crear equilibrio en un entorno de fuerte polarización. Tras la Revolución del Petróleo en 1873, se documenta por primera vez su presencia a través de una proclama que apelaba a la concordia. En aquel texto, los masones locales instaban a patronos y obreros a reconocerse como parte de una misma comunidad, pidiendo respeto mutuo y justicia social. Lejos de ser un movimiento radical, logias como la Puritana estaban integradas mayoritariamente por la clase media liberal —médicos, farmacéuticos e industriales— que veían en esta institución un espacio para el libre pensamiento y la solidaridad.
Bajo nombres simbólicos inspirados en figuras como Sócrates o Viriato, estos miembros desarrollaron una discreta pero efectiva red de auxilio mutuo que ayudaba a las familias en momentos de precariedad. Sin embargo, su actividad despertó una firme oposición en los sectores más tradicionales, llegando a motivar actos de desagravio y procesiones organizadas por la Iglesia local para contrarrestar su influencia.

Además de hacer la ruta Industrial por la ciudad y comprobar como se han reconvertido los espacios, en especial los edificios empleados por la Universidad Politécnica de Valencia – Campus de Alcoy, puedes aprender algo diferente…
3. Un museo diferente: la historia de los bomberos
En este contexto industrial la prevención y el control de incendios en la ciudad se convirtió en una cuestión crucial. Por una parte, tenemos gran cantidad de fábricas que empleaban sustancias peligrosas e inflamables y por el otro las limitaciones de espacio en la ciudad que provocaron que los vecinos incrementaran alturas de edificios y se cavasen sótanos y cellers sin control. Un buen argumento para que en la ciudad puedas aprender sobre la historia de los cuerpos de bomberos, en un original museo dedicado a ellos. Visita el MUBOMA – Museo de Bomberos del Consorcio Provincial de Alicante

Horario:
Lunes a jueves de 10:00 a 16:00
Viernes: 10:00 a 14:00 y 16:00 a 18:00
Sábados: 10:00 a 14:00;
Domingos y Festivos: 11:00 a 14:00
Precio entrada: 3 € (domingos: 1€)
4. Alcoy ciudad modernista: la expresión de la nueva burguesía.
La pujanza de la burguesía alcoyana entre finales del siglo XIX y principios del XX dejó una huella indeleble en la fisionomía de la ciudad, transformándola en un referente del Modernismo en España. Influenciada por la vanguardia catalana, la arquitectura local se integra en circuitos modernistas internacionales como la Ruta Europea del Modernismo y la red RANN (Réseau Art Nouveau Network). Pasear hoy por sus calles es contemplar el legado de fachadas sinuosas y artes decorativas que narran el prestigio de una clase social que quiso hacer exhibición pública de su éxito.
Entre las residencias más emblemáticas destaca la Casa del Pavo (1908), obra de Vicente Pascual Pastor. Este edificio no solo es notable por sus miradores de forja y su remate en mosaico, sino por haber albergado el estudio del pintor Fernando Cabrera Cantó. Su nombre, ya icónico, proviene de los pavos que coronan los dinteles y de los elaborados pomos de fundición. A esta se suma la Casa de Escaló, actual Conservatorio de Música y Danza, considerada uno de los ejemplos de Art Nouveau más puros de la ciudad al haber conservado intacta su estructura exterior. No menos importante es la Casa Laporta, que hacia 1904 marcó el inicio de esta corriente arquitectónica en el casco urbano.





El espacio público también se transformó bajo esta estética, como se aprecia en el Parque de la Glorieta. Construido sobre el antiguo huerto de un convento desamortizado, el arquitecto Vicente Pascual Pastor diseñó en 1899 su actual trazado de avenidas, y la característica verja perimetral. Otros edificios funcionales, como el antiguo Parque de Bomberos, completan este paisaje urbano que buscaba la belleza incluso en lo utilitario.

Sin embargo, el patrimonio alcoyano también custodia relatos sombríos que contrastan con la elegancia de sus salones. El Círculo Industrial, corazón de la vida social burguesa, es un claro ejemplo de este claroscuro histórico. Hoy en día su arquitectura sigue imponiendo respeto y mantiene normas de etiqueta tradicionales. El salón del Círculo Industrial es tan evocador que el cine no pudo resistirse a él. Aquí se rodaron escenas de The Garden of Eden, la adaptación de la novela de Hemingway, recreando la sofisticación de los años 20.
El reverso de la moneda de este interesante edificio esconde otras tragedias. Durante la Guerra Civil, el edificio fue convertido en sede de la CNT y las carboneras del sótano en checa (espacio de represión y tortura), siendo escenario de la llamada masacre del Círculo Industrial, que culminó con latortura yejecución de 9 hombres destacados de la ciudad, sin juicio, entre ellos empresarios y sacerdotes. Este episodio, recordado por la brutalidad de los hechos forma parte de la compleja memoria de la ciudad. Es la prueba, de que Alcoi tiene esa pátina de atemporalidad que solo poseen los lugares con verdadera historia



Todos los años se celebra la Semana Modernista de Alcoy a finales de septiembre.
Ruta por el cementerio modernista de Alcoy.
La belleza modernista de Alcoy no se queda solo en sus calles. Para entender la importancia de su burguesía y de sus artistas, una visita que deberías incluir en tu recorrido es la de su cementerio modernista de San Antonio Abad. Como ya mostré en el vídeo y artículo dedicado a esta “ciudad dormida”, sus panteones son obras maestras del Modernismo que nos hablan de una ciudad que quería ser eterna.
No te pierdas los epitafios espiritistas, corriente metafísica de gran calado entre la burguesía de finales del XIX y las galerías subterráneas, a modo de catacumbas romanas.
5. Trabajadoras, obreros y revueltas laborales.
1873: El Petroli y las cicatrices de la revuelta
En oposición a la pujanza económica de la burguesía industrial, la Alcoy de 1873 vivió uno de los episodios más violentos de la historia obrera española: la llamada Revolución del Petróleo. En el marco de la Primera República y bajo el influjo de la Comuna de París, el incumplimiento de las mejoras laborales detonó en un levantamiento que sumió a la ciudad en un estado de sitio durante cuatro días. El uso de petróleo para incendiar fábricas y residencias burguesas dio nombre a una revuelta que culminó con el asalto al consistorio. Este suceso fue un episodio clave del internacionalismo obrero en España.


La tragedia alcanzó su punto álgido con el asesinato del alcalde republicano, Agustín Albors, conocido como «Pelletes». La leyenda y la crónica negra narran el ensañamiento de la multitud que, tras defenestrarlo, arrastró su cuerpo por las calles en un arrebato de odio irracional. La represión posterior fue implacable: la ciudad contó 16 muertos y cerca de 700 personas fueron sometidas a juicio. Más de 300 obreros acabaron encarcelados, muchos sin pruebas claras, pagando por su audacia durante más de una década en la prisión del castillo de Santa Bárbara en Alicante. La prensa estatal intentó justificar el uso de la fuerza contra los manifestantes con una campaña de desprestigio y construyendo un discurso de barbarie; exagerando los hechos hasta niveles dantescos, incluyendo violaciones y hasta canibalismo.
El prestigio de «les bambuneres» y la industria del papel de fumar
Dentro del ecosistema laboral alcoyano, las operarias del taller de libritos de papel de fumar de la marca Bambú —popularmente conocidas como «bambuneres»— ocupaban un lugar singular en la memoria colectiva. Su figura, a menudo ensalzada en canciones populares, gozaba de un prestigio y unas condiciones de higiene que las distinguía de las obreras textiles. Este estatus se reflejaba incluso en su atuendo: un uniforme blanco impoluto con el anagrama de la marca Bambú bordado en rojo, que las identificaba mientras llenaban de trasiego las calles cercanas al carrer Sant Nicolau.

Sin embargo, tras esa imagen de orden y limpieza, la realidad era diferente. Unas 800 mujeres, muchas de ellas incorporadas al taller con apenas diez u ocho años, acudían diariamente a jornadas de doce horas que comenzaban a las cinco de la mañana. Al trabajar «a destajo», la intensidad era máxima y el descanso, un lujo inexistente. Pese a estas condiciones, las «bambuneres» demostraron una conciencia de clase ejemplar. Protagonizaron huelgas significativas, como la de 1912 por el despido de compañeras o la resistencia de 1944, cuando, en plena dictadura, mantuvieron un paro de tres semanas para exigir mejoras salariales, recurriendo en ocasiones a la huelga de brazos caídos.
La historia de las trabajadoras. La literatura de Isabel-Clara Simó.

Para ponerle voz a estas historias, podemos acudir a la literatura. La autora alcoyana Isabel-Clara Simó, en su popular novela Júlia, retrató como nadie ese Alcoi industrial, el de las fábricas de El Molinar y el de las huelgas que forjaron el carácter de este pueblo. Pasear por las ruinas industriales junto al río o las calles de la ciudad es, en realidad, deambular por las páginas de su libro.
El origen del café-licor.
En el tejido de estas vivencias obreras, el café-licor surge como un elemento esencial que condensa la idiosincrasia del Alcoy industrial. Su origen no se encuentra en los salones de la burguesía, sino en el corazón mismo de las fábricas del siglo XIX, como un ingenioso recurso de la clase trabajadora para sobrellevar la dureza de sus condiciones laborales.
Para combatir el frío de las naves y el agotamiento de las jornadas que comenzaban antes del alba, los operarios transportaban café en recipientes que envolvían cuidadosamente en paños o en sus propias mantas de trabajo para preservar el calor. Con el fin de potenciar su efecto vigorizante y obtener un aporte extra de energía, se popularizó la costumbre de añadirle un chorro de aguardiente. Aquel brebaje rudimentario, que servía de aliento tanto a «les bambuneres» como a los sufridos tejedores, acabó germinando en una próspera industria de destilación autóctona que estandarizó la receta. De este modo, el «oro negro» alcoyano se transformó de un humilde alivio contra la fatiga a un patrimonio cultural, recordándonos que, incluso en el rigor del trabajo a destajo, el ingenio popular fue capaz de dejarnos legados.

En la actualidad el café-licor se consume en las largas jornadas festeras de Moros y Cristianos, en alguna de sus dos combinaciones más populares:
- Plis-play: con una parte de café licor y otra de cola, se toma sin hielo; en otras ciudades es conocido también como “burret”.
- La mentira o “mentireta”: mezclado esta vez con granizado de limón. Como curiosidad, se llama “mentira” porque se mezclaba con un granizado de limón muy oscuro hecho con azúcar de caña que disimulaba el color oscuro del café-licor.
6. Alcoy en la Guerra Civil – Refugio antiaéreo Cervantes
Durante la Guerra Civil española, la ciudad de Alcoy desarrollo un rol fundamental para las fuerzas gubernamentales, la capacidad industrial de la ciudad fue remodelada para convertirse en una “fábrica de guerra”. La colectivización de las industrias textiles y metalúrgicas orientó la producción hacia el esfuerzo bélico, mientras la fisonomía de la ciudad se adaptaba a la emergencia con la apertura de cuarteles, hospitales de sangre y una vasta red de refugios subterráneos que hoy forman parte del patrimonio de la memoria cultural de la ciudad.
No fue hasta muy avanzado el conflicto que las fuerzas golpistas del General Franco identificaron Alcoy como un objetivo estratégico. La ciudad fue marcada para su destrucción a la aviación legionaria italiana que apoyaba a los insurgentes. Entre septiembre de 1938 y febrero de 1939, el rugido de los trimotores Savoia SM-79, los temidos Sparviero, que partían del aeródromo de Son San Joan (Mallorca), descargaron toneladas de explosivos sobre barrios como el Ensanche, Santa Rosa o el cauce del río Molinar en siete grandes bombardeos sistemáticos. El balance de esta tragedia se cifró en 64 víctimas mortales, una cifra que, aunque dolorosa, pudo ser contenida gracias a la previsión de la Junta de Defensa Pasiva y a los mecanismos de protección de la población que se habían preparado.




Para entender mejor este momento histórico puedes visitar el Refugio antiaéreo de Cervantes, convertido en museo con material explicativo.
Horario:
Lunes a viernes de 09:00 a 13:00
Sábados: 10:30 a 14:00
Domingos y Festivos: 11:00 a 14:00
Precio entrada: 1,5 €
7. Conclusión
Cierro este recorrido por Alcoy con la certeza de que no estamos ante una ciudad convencional. A través de estos artículos, hemos visto cómo Alcoy es, en realidad, un mapa de capas históricas y sociales que se superponen: desde los trazos prehistóricos de La Sarga hasta el austero hormigón en los refugios de la Guerra Civil, pasando por la suntuosidad del modernista Círculo Industrial.
Entender esta ciudad implica aceptar sus contradicciones. Si buscas un destino de interior en Alicante que ofrezca profundidad histórica y un carácter urbano diferenciado, Alcoy es la respuesta. Con la mirada puesta en el 750 aniversario de San Jorge en 2026, te animo a descubrirla sin prisa, cruzando sus puentes y parándote a observar los detalles de sus fachadas. Porque en Alcoy, cada puente cruzado es, literalmente, un enlace entre el pasado y el futuro.

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